—Sabrina, ¿vas a ayudarme con el pastel de manzana encantado o no? —gritó su tía Hilda desde la cocina.
—Dime tu nombre —susurró el espejo con voz de caramelo quemado. Descargar Sabrina Cosas De Brujas Castellano
—Quiero que Harvey sepa la verdad… sin que me odie. —Sabrina, ¿vas a ayudarme con el pastel de
Sabrina arqueó una ceja. «Un espejo que habla. Cosas de brujas, vaya». Bajó las escaleras de caracol con cuidado, encendiendo una vela con un chasquido de dedos. En el rincón más oscuro, cubierto por una sábana bordada con runas, encontró el espejo. Era antiguo, con un marco de ébano y pequeñas calaveras de plata. —Quiero que Harvey sepa la verdad… sin que me odie
—Porque tenía miedo de perderte —respondió, con la voz quebrada.
Sabrina sintió que el suelo se abría. Pero en lugar de lanzar un hechizo de olvido, como le enseñaron, hizo algo que ninguna bruja Spellman había hecho en siglos: eligió ser honesta.
Entonces pasó algo extraño. El hechizo del espejo se rompió por sí solo, no con magia, sino con el peso de la verdad. El espejo del sótano se agrietó de arriba abajo, y Salem, desde la ventana, maulló: